Las feministas de moda.

Sucedió en los Alpes, allá por el pico Hochvogel, en un día de verano. Un día bonito, con su bocadillo de tortilla de la buena, con su sudor, con su agotamiento y con la satisfacción de haber alcanzado la cima y vuelta a casa justo antes de que cayera la del pulpo. Un día completo. Un grupo de gente más o menos bien, con un egipcio que no ve gracioso que le pregunten si vive en una pirámide. Un científico canadiense extremadamente educado y en plena forma; del estilo de: cuarenta minutos para llegar, nada, esto lo hago yo en quince, y lo hace. Una tipa de Seattle y otra de Palestina, suponiendo que eso exista como tal. Por eso de ser un concepto religioso como pueblo, y no un Estado como tal, yo no lo reconozco. 

En esto que empezamos, subimos, picacho, foto de rigor, bla bla bla y la cosa se pone interesante. Cuando el canadiense lidera la subida, va todo cristo con la lengua fuera. Lo de bajar ya era otra cosa, a prisa y corriendo, para no variar. Antes de que se nos haga de noche, nos caiga una tromba o se meta la niebla. Cualquier opción es mala. Así que dando palique alegremente. Los unos moderados, yo escuchando y aprendiendo y fijándome en el palo de cada uno. Conforme avanza el tiempo me quedo más perplejo. 

Expongo el caso: La estadounidense, al parecer ser de la costa oeste es de vital importancia, una tipa bajita, teñida, poca cosa y muy charlatana se declara feminista y demócrata. No veo la relación entre lo uno y lo otro. Y comienza a hablar de las vidas negras que importan mucho, del racismo en Estados Unidos. Sí vale, todo eso está muy bien, y es muy noble y lo que tu quieras, pero no son tus problemas. Eres blanca y no vives allí. La conversación se va por los cerros de Úbeda y comienza a hablar, a demostrar, la libertad que le ha sido inculcada como mujer, ya que en su familia todos militares de profesión -esto explica mucho- se la educó para que sea una mujer independiente, y tal y cual. Hablando sin pudor alguno y con todo descaro acerca de sus intimidades, lo que le gusta hacer y lo muy atraida que se siente por los negros. Pero eso es discriminación, ¿no? No, no, es una preferencia. Ah, vale, una preferencia basada en el color de una persona no es discriminatorio, claro. ¿Que decías de BlackLivesMatters? Y que a sus padres no les importa que lleve a un negro a casa, o a una chica, o a un chico y una chica. Que es su elección. Todo esto está muy bien para relatos cortos, pero no es una conversación a tener delante de una persona musulmana, y mucho menos si es mujer. Por educación. Aun así, no ahorró absolutamente nada en detalles, con comentarios que hubieran escandalizado incluso a mi propia versión adolescente. 

En relación a la mora, una combinación de belleza de oriente próximo con el estilo de una ucraniana de Odessa, con su pañuelo de seda, con colores vivos, resaltando lo negro y lo vivo de sus ojos, a juego con sus labios. Dado que el pañuelo es voluminoso y suelto en los hombros, haciendo gala de buen estilo proceden unos pantalones de deporte, estilizados, destacando con muy buen gusto la figura y la silueta, dejando claro que no ha probado comida rápida en su vida, unas manos y uñas impecables, naturales. Diametralmente opuesto a la guiri, que parece que hubiera estado rascando borregos media vida. De profesión científica. La otra profesora de educación infantil, aunque hubiera firmado que su vocación era peluquera. Pero no científica normal, no. Doctora en biomedicina. Zasca. Salvando vidas. Una chavala de lo más moderada, de lo más educada, de las que se toman su tiempo para escucharte, analizar, preparar una respuesta, dejar a la otra en ridículo y todo esto con una sonrisa en los labios. Literalmente. 

Así a cada metro de desnivel hacia abajo, y fueron muchos metros. Con una educación, con un saber estar, unas formas, de esas que abren la boca solo para decir algo inteligente. Daba placer escucharlo. 

Estas cosas te dan mucho que pensar. La una con sus libertades, dando a entender que por ser mujer, blanca, norteamericana, puede comportarse como un camionero mexicano, de las que no escuchan, de las que gritan, de las que se muestran. La otra con su teórica opresión, patriarcado y cargas religiosas, haciéndose un hueco en una sociedad que realmente la necesita. Poco tiene, no obstante, todo esto que ver con el físico, mientras que la una es carne de matrimonio, la mujer libre no valía un café.

¡Luego estamos! 


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