Y lo llaman libertad.

Recuerdo que allá por mis catorce años, tenía una compañera de clase que se declaraba republicana. Como si yo a aquellas alturas supiera lo que era una república. No yo ni nadie, y dudo mucho que ninguno de nosotros hubiera leído lo suficiente como para poder apreciar bien a la corona por lo que es o bien a los republicanos por lo que fueron. Aquello venia de la familia. Obviamente. 

La familia, tan buenas unas, tan desastrosas otras. Como aquel que a esa misma edad se las daba de falangista, también teníamos de esos bobos, y de los del brazo en alto. Y otro republicano. ¿Que podía saber un niñato con el pelo oxigenado que es lo uno y que es lo otro? Pues lo dicho, la familia. 

Escuchando los debates del estado de la Nación, los unos insultándose a los otros. Los unos llamando fascistas a los de enfrente, y los de enfrente comunistas otra vez a los de enfrente. Es como si uno me llama cromañon y yo le respondo con un australopitecus. Manías raras que tiene la gente de hacer apología de ideologías que no existen ya, y declararse a favor de algo pasado. O la gente normal y corriente, de a pie, que tienen miedo porque el vicepresidente es un comunista. ¿Que es que? Pero si eso no existe, copón. O porque va engominado hacia atrás, llamarle facha. Como si fuera de los de cristo rey. Le puedes llamar bobo, presuntuoso, bocachancla, meramente idiota, pero de ahí a calificarle de algo que no existe… hay un trecho. 

Parezca que seguimos anclados al pasado. Aquí todo dios ha puesto las esperanzas en los hijos, en los nietos para que arreglen el pais, para que construyan una sociedad nueva, justa, democrática, diferente, pero seguimos arrastrando aquello todo preconcebido de antaño y así no hay quien cree nada. Cuando nos decantamos por algo nuevo, nos tacharán. Cuando se vota una coalición democráticamente, nos tacharán de comunistas, si no de fachas o radicales. Pues no es justo. Así no se puede hacer nada. En plan, haz lo que quieras, pero si no haces esto te tacho. Pues ándate al carajo. 

Luego claro, la sociedad no avanza y chavales de quince, veinticinco y treinta y cinco años siguen con las mismas ideas que sus padres, con los mismos prejuicios, con los mismos descalificativos, como si fueran verdades absolutas. Pero es que no lo son. No lo son porque corresponden a una época que no hemos vivido, corresponden a unas circunstancias que no hemos vivido, corresponden a una situación espacio temporal que no hemos vivido. Y todo cambia. 

Antaño habíamos de ser notarios o toreros. Hoy, con saber programar te vas a ganar la vida más que holgadamente. Antaño necesitabas un titulo universitario para ser alguien. Hoy, si bien con el titulo terminas en el paro como todo hijo de vecino, el titulo es necesario para diferenciar corto plazo de largo plazo, pero no para nombrar lo que eres. Y si en la época de antaño los intereses estaban al quince y hoy están al uno, los sueldos os permitían compraros la casa mientras los de mi año no pueden ni permitirse un coche al contado. Ya que estamos pagando las consecuencias de aquello, dejadnos por favor que al menos tengamos nuestras ideas. 

Lo que si que me satisface es ver cuando alguien, supuestamente cabal, te comparte algún tipo de contenido divulgativo en el que se tacha a los comunistas y a la vicepresidencia de okupas; entrevistas y demás, y al final resulta que todo ello es falso y que están distribuyendo basura. Porque esta gente por muy empresarios o “hijos de” que sean, podrán tener esas ideas bien acuñadas desde casa, pero no saben distinguir entre una verdad y una mentira. 

¡Luego estamos!


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